Por qué la mayoría de las hernias de disco no necesita cirugía

Pocas frases asustan tanto a un paciente como “tienes una hernia de disco”. Casi de inmediato aparece la misma pregunta, dicha con miedo: “¿me van a operar?”. Y sin embargo, después de más de quince años operando columnas, puedo afirmar algo que a muchos les sorprende: la gran mayoría de las hernias de disco no llega jamás al quirófano, ni tiene por qué hacerlo.

El problema no es la hernia. Es la idea, muy extendida, de que verla en una resonancia equivale a una sentencia quirúrgica. Vale la pena desarmar esa idea, porque lleva a decisiones apresuradas y, a veces, a cirugías que no hacían falta.

Un diagnóstico que asusta más de lo que debería

La escena se repite en la consulta. Alguien llega con su resonancia bajo el brazo, señala el reporte donde dice “hernia discal” y da por hecho lo peor. La palabra pesa. Suena a algo roto que hay que reparar con bisturí.

Pero una hernia de disco es, en la mayoría de los casos, un problema que el cuerpo sabe manejar. Ocurre cuando uno de los discos que amortiguan las vértebras se desplaza y presiona una raíz nerviosa, casi siempre en la zona lumbar (la espalda baja) o cervical (el cuello). Eso puede provocar dolor que baja por la pierna o el brazo, hormigueo o debilidad. Es molesto, a veces muy doloroso. Rara vez es peligroso.

El dato que cambia la conversación

Aquí está lo que pocas veces se le explica al paciente: buena parte de las hernias de disco se reabsorbe sola. Con el tiempo, el propio organismo reduce e incluso reabsorbe el fragmento herniado, y los síntomas ceden sin que nadie haya tocado la columna.

Hay otro hecho revelador. Si se le hiciera una resonancia a un grupo de personas sanas, sin ningún dolor, muchas tendrían hernias o desgaste discal en sus estudios sin haberlo notado nunca. Es decir, la imagen y el síntoma no siempre van de la mano. Tratar lo que se ve en la pantalla, en lugar de lo que le pasa a la persona, es una de las trampas más comunes en el manejo de la columna.

Por qué operar de más es un problema real

Toda cirugía, por pequeña que sea, tiene riesgos y un proceso de recuperación. Operar una hernia que iba a mejorar por su cuenta no solo es innecesario: expone al paciente a esos riesgos sin un beneficio claro a cambio. Y no garantiza que el dolor desaparezca, porque si la molestia no venía realmente de esa hernia, quitarla no resuelve nada.

Por eso una buena indicación quirúrgica nunca se apoya en la resonancia por sí sola. Se apoya en tres cosas que deben coincidir: lo que el paciente siente, lo que el médico encuentra al explorarlo y lo que muestra la imagen. Cuando las tres apuntan en la misma dirección, la decisión es sólida. Cuando solo manda la imagen, conviene detenerse.

Qué funciona sin necesidad de operar

La buena noticia es que existe un camino escalonado que resuelve la enorme mayoría de los casos antes de siquiera plantear el quirófano. Empieza por lo menos agresivo: manejo del dolor, ajuste de la actividad sin caer en el reposo absoluto, y sobre todo fisioterapia dirigida, que suele ser el verdadero pilar de la recuperación. Cuando hace falta, las infiltraciones guiadas ayudan a bajar la inflamación alrededor del nervio.

Este abordaje conservador, bien llevado y con seguimiento, devuelve a la mayoría de los pacientes a su vida normal. Para quien quiera entender en detalle cómo se trata una hernia discal sin cirugía, el orden de esas opciones y qué esperar de cada una marca la diferencia entre recuperarse con paciencia y correr al quirófano por miedo.

Cuándo la cirugía sí está justificada

Nada de esto significa que la cirugía sea el enemigo. Hay situaciones en las que operar es lo correcto, y a veces con cierta urgencia: una debilidad que avanza y no se detiene, la pérdida de control de esfínteres, o un dolor que sigue incapacitando después de un tratamiento conservador bien hecho. En esos casos, esperar de más también tiene un costo.

Y cuando la cirugía es necesaria, hoy se parece poco a la de hace unas décadas. Las técnicas mínimamente invasivas y endoscópicas permiten resolver el problema con incisiones muy pequeñas y recuperaciones mucho más rápidas. La cirugía dejó de ser sinónimo de un procedimiento agresivo. Pero sigue siendo la excepción, reservada para quien de verdad la necesita.

El cambio de mentalidad que hace falta

La conclusión no es que nadie deba operarse. Es que la hernia de disco merece una conversación más honesta y menos alarmista. Recibir ese diagnóstico no es el final del camino ni el inicio de una cuenta regresiva hacia el quirófano; es el momento de buscar una valoración seria, agotar lo que funciona sin cirugía y reservar la operación para cuando aporta algo que nada más puede dar.

Ante la duda, pedir una segunda opinión no es desconfianza: es sensatez. Es tu columna, y una cirugía bien indicada siempre se puede explicar con claridad. Cuando esa explicación no aparece, la mejor decisión suele ser esperar y preguntar.

Dr. Gerardo Barajas Llanes, neurocirujano de columna certificado por la UNAM, especializado en tratamiento mínimamente invasivo y endoscópico de la columna vertebral.

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